


Plaza central de Suesca
Por: María Antonieta Mora
Había oído hablar mucho del sitio, incluso, más de una vez, me comprometí con un grupo de amigos en visitarlo, hacer un recorrido, conocer el lugar y por supuesto, dentro del plan estaba el escalar, pues esa región es famosa por sus montañas y rocas de gran tamaño, las cuales resultan atractivas para los seguidores de ese deporte, como lo soy yo. De verdad me llamaba la atención conocer el pueblito, pero ocurría cualquier inconveniente y se terminaba cancelando el viaje. Por ese entonces, Suesca no sería visitado por mí.
Pero, al fin, llegó el momento de conocerlo, de la mano de un trabajo de la universidad.
Después de cuarenta y cinco minutos de viaje y unas cuentas anécdotas en el camino llegué; las personas, el ambiente y los animales deambulando tranquilamente me dieron a entender lo pacífico y todavía saludable de este pueblo.
Bautizado bajo el nombre de Suesca que etimológicamente significa “Roca de las Aves”, es una población de algo más de quince mil habitantes, en el que la mayor fuente de empleo es la floricultura y el turismo.
Caminé por sus calles, algunas extrañamente solitarias, de un extremo al otro, desde la tienda de verduras de la esquina, al salón de belleza, pasando por unas diminutas cabinas telefónicas hasta el local donde venden comida para mascotas en el que, aprovechando, compré comida para mi perrita; abundaban los restaurantes para turistas que, como después me enteré, cumplían doble función: vender comidas rápidas y ofrecer instructores y materiales para escalar.
Mientras almorzaba en uno de los antes mencionados restaurantes, a mi lado izquierdo, se encontraba un grupo joven de mujeres escaladoras, adivino lo de “escaladoras” por su vestuario y conversación, hablaban sorprendidas y emocionadas por lo lejos que lograron llegar en su día en la montaña. Deportistas sin duda, el cuerpo de ambas lucía bastante fuerte y su rostro rozagante de energía, como los niños cuando acaban de terminar un día de divertidos juegos. Ellas continuaban con su charla, mientras yo regresaba a la mía con mis compañeros de viaje y a mi pensamiento; yo no iba detrás de las típicas historias de folleto de viaje, en realidad no me interesaban los sitios turísticos más que para conocerlos, para las rocas ya habría otra ocasión; mi búsqueda real consistía en encontrar alguna historia, lugar o persona poco aclamada y de esta forma narrar algo diferente a lo ya trillado.
Me despedí por el momento de mis compañeros; necesitábamos continuar el recorrido separados. Me dirigí a la plaza central, observé la bella escultura del águila, significando la libertad y lo más característico del pueblo, ya que el águila está sobre una roca.
-¿Tú eres de acá?, le pregunté a una mujer que se encontraba sentada en las escaleras de un puesto de dulces, al frente de la plaza.
-No, vivo por acá hace un par de años, pero soy de Bogotá, respondió ella.
-Ah, ya veo, qué tal Suesca, ¿le agrada vivir aquí?
-Sí, mucho. No me adaptaría de nuevo a Bogotá, es muy grande y las distancias no me gustan además que la gente está de mal genio todo el tiempo, me da miedo esa ciudad, no cambiaría Suesca por la Capital.
Me preguntaba, fuera de la paz, qué tendrá este rincón de Cundinamarca para que todo el mundo opine lo mismo.
-¿Y usted no es de por acá verdad?, me dijo.
-Vivo en Bogotá, pero tampoco soy de allá, nací en Pasto y me crié en la costa. Hace casi nueve años vivo en Bogotá, al principio fue duro el cambio, pero al final uno se termina adaptando, como en todo, ¿no cree?
La mujer insistía en que se sentía mejor viviendo allí, le pregunté por los niños que estaban a su lado, ella me respondió diciendo que dos de ellos eran hijos y que los otros dos eran sobrinos. Niños alegres por naturaleza, en sus ojos se les veía, no fingían.
Invité a los pequeños a unos dulces, ella me agradeció y partieron lentamente, hacia la parte superior del pueblo, donde vivían, cerca a las rocas.
Yo también seguí mi camino, algo preocupada por la hora, y por el hecho de no hallar nada concreto para narrar fuera de esa rara sensación de paraíso congelado del que nadie quiere salir, que me dejaba el pueblo y la opinión de sus gentes.
Sin saber cómo, mis pasos me llevaron a la iglesia principal, estaba casi vacía, un viernes festivo no suele haber mucha gente, me explicaría después el padre. Al ingresar en ella, no podría describir la sensación de paz que me generó; estaba adornada con escasos cuadros religiosos y una fuente color café algo tétrica pero elegante. En primera fila, con expresión amable pero algo sombría, se hallaba el padre Moisés Mahecha Guerrero, hombre de mediana edad, rostro pálido pero saludable, anteojos pequeños y cabello blanco, párroco de Nuestra Señora del Rosario, el que, sin aún saberlo, me daría la entrevista que es el centro de mi relato. Me senté a su lado, me quedé en silencio durante unos minutos, respetando su oración. Una vez terminó, se levantó de la silla y rápidamente lo tomé del brazo. Le dije: “padre, me permite unos minutos, me gustaría hablar con usted”. El asintió con la cabeza y se volvió a la silla.
-Cuéntame, en qué te puedo ayudar, susurró.
Me presenté y le comenté que era mi primera vez en Suesca, le hablé de mi sentimiento en ese lugar y de mis impresiones sobre sus habitantes; fue poco a poco tomando confianza y respondiendo a las preguntas que le planteaba de vez en cuando y evadiendo otras tantas.
-¿Cómo ve usted la región Padre?
Es muy tranquila por lo que me he dado cuenta, comenté.
-Pues sí, normalmente es de esta manera. Aunque pasan cosas como en todo lado.
-¿Es un pueblo religioso, o poco visitan la iglesia?
(No sabía con precisión qué preguntar ni por dónde orientar la charla)
-Lo es, anteriormente no lo era tanto. Hoy en día hemos unido más a las personas y hemos ido con el pasar del tiempo, sembrando en los jóvenes sobre todo, ese espíritu de amor que Jesús nos inculcó y que actualmente no vemos sino en contados seres humanos. Agregó con un tono despreocupado: “mis sermones suelen ser breves, de lo contrario aburro a los fieles, me aburro yo mismo y no logro nada”.
Continuamos nuestro diálogo, yo con un poco de inseguridad y el todavía con algo de reticencia. Me dejaba ver su fervorosa esperanza en los niños y adolescentes; “de la educación que les demos hoy depende el futuro del país” me repitió varias veces. “Uno de los pocos problemas que surgen por estos lados es la falta de unión familiar, en los hogares los niños están la mayoría del tiempo solos y eso no es bueno en ningún lugar”, decía mientras su rostro mostraba preocupación.
-Sucede que los padres salen desde muy temprano a trabajar; las madres al cultivo de flores, que es en lo que se desempeñan casi todas las mujeres de por acá y los padres en diferentes asuntos, quedándoles un corto espacio para estar con sus hijos.
Hizo una breve pausa, mientras yo, que no dejo mi manía de analizar cada gesto, aspecto y actitud de las personas, me preguntaba qué historias guardará este aparentemente sencillo personaje, qué avatares de la vida lo llevaron hasta allí.
-La situación se complica cuando avanza la civilización, decía mientras continuaba su charla, emocionado pero al tiempo cabizbajo ante lo que me narraría a continuación.
Tenía 18 años, cursaba último año de bachillerato, una vida normal aunque algo aburrida, de acuerdo a lo dicho por el padre, circunstancia que no es de extrañar en un pueblo pequeño. Aún así tenía planes con respecto a su vida futura, vivía con su hermana gemela y sus padres, una pequeña familia suescana, la joven era de ánimo apagado pero siempre cortés y gentil. Un día su hermana fue a su habitación, deseaba darle los buenos días, cuando abrió la puerta, la encontró tendida en el suelo, sin aire, sin vida.
-Había decidido dejar este mundo, posiblemente la soledad le afectó hasta tal punto, que prefirió escapar de su pueblo y de su existencia por medio de un frasco de veneno que halló en la casa de su padre.
En ese momento, después de un prolongado silencio, decidió cambiar de tema, como evitando perder la compostura y ese aire de gentil desencanto que lo caracterizaba, cosa que a lo largo de nuestra plática sucedió varias veces, cada que un tema o pregunta mía amenaza con sacar la situación de su control.
-Cuando estaba DMG por estos lados a nadie le faltaba nada, la gente ilusionada con los nuevos locales para estrenar; eso equivalía a nuevas personas visitando la zona, más turistas, más ventas y más diversión para ellos. Hasta habilitaron espaciosos para practicar motocross cuando nos llegó la noticia de que el Gobierno mandaba a cerrar la empresa y llevaría preso a David Murcia, a la mayoría le disgustó la idea, pero qué se le iba a hacer, plata que llegue a manos del Estado es plata perdida, (me dijo riéndose y con una mirada tensa, como quien espera la aprobación o desaprobación de su comentario).
Yo simplemente lo escuchaba con atención y me reía cuando nuestros pensamientos coincidían.
De vez en cuando trataba de adentrarme en su ser, de virar la charla hacia temas más personales para saciar mi curiosidad frente a su persona, que a este punto iba más allá de lo estrictamente profesional y del motivo original de mi visita; pero su habilidad para eludirme hizo que en mí primara más la vergüenza que la intriga. Era una posición un poco incomoda.
-¿Ha sabido de accidentes en las rocas Padre?, vienen seguido a escalar y pues...
-Le cuento que hay casos que nunca salen a la luz pública; muchachos que vienen a escalar, se drogan y sufren una sobredosis. Su familia los recoge, se los llevan y nadie vio nada. Los jóvenes se dejan llevar por los demás, hoy son pocos los que tienen formado un criterio propio.
-Comparto su opinión Padre, además hay que tener en cuenta que en este aspecto, como en otros en la vida, cada quien decide por qué rama trepar... Es como el caso suyo, unos deciden servir a Dios, otros subir montañas y otros saltar a los abismos...
-A propósito, ¿que lo llevó a este camino?
-Sí, como le comentaba la situación se complica cuando avanza la civilización.
Burlada de nuevo, bajé rápidamente la cabeza para consultar el reloj; la tarde había pasado volando, no la sentí, eran casi las seis.
Él todavía no se percataba del paso del tiempo, continuaba su charla. Ahora, comenzaba a hablar de su ejemplar secretaria a quien le dio trabajo hace pocos meses.
-Ella es madre de una hermosa bebé, once meses se cumplieron desde su nacimiento, intercala su papel de secretaria con el oficio de ser mamá, sin dejar atrás el sueño de terminar su profesión.
Nos interrumpió una anciana, pidiendo la confesión inmediata porque ya llevaba un considerable rato esperando. El padre, disculpándose se levantó y fue a escuchar sus confidencias. Aprovechando esta pausa, recorrí la iglesia, tomando unas cuantas fotos, incluyendo el espacio dejado por los ladrones de la Virgen de Chiquinquirá.
Al regreso del padre, antes de que empezara a hablar, le pregunté de nuevo, acerca de su vocación y con una sonrisa lejana me respondió:
-Empezó cuando vivía en Manta, donde nací. En quinto de primaria sentí el llamado de Dios para seguir por ese rumbo. Cuando tú estás destinado para algo, las cosas sencillamente se dan, Dios te va abriendo el camino. Encuentro en esto una forma de ayudar a las personas que lo necesitan. No es fácil mantenerse económica y espiritualmente, como tampoco lo es el matrimonio, en ambos casos pienso que se necesita de la mano de Dios y de equilibrio, tolerancia, amor y nunca perder el espíritu de inocencia y transparencia. A los niños les digo con frecuencia que no dejen de serlo, porque si dejamos de serlo perderíamos nuestra esencia, mente joven, cuerpo joven, espíritu joven.
Pese a sus palabras, esa sonrisa lejana, ese aire de benévolo desencanto no desaparecía de su rostro, como cuando, a fuerza de penosa insistencia, lograba que se refiriera a algunas de sus obras. Tal vez en ese chocar contra la condición humana se lo diera, tal vez fuera la frustración de no poder dar todo lo que él quisiera, quién puede saberlo...
Seguimos hablando de muchas y dispares cosas, desde la “Ventanilla Siniestra” hasta a dónde van a parar los dólares incautados por el Gobierno, pasando por la crisis que causó el cierre de DMG y el exceso de importancia que tiene el dinero en nuestros días. Después de abordar tantos temas como intentos hice por adentrarme en su vida, logré que me contara una de sus, me imagino, muchas decepciones que aquí reproduzco, un poco al margen, como testimonio de un personaje al que mis líneas no hacen justicia:
Con la participación de médicos, abogados, clérigos y profesores, construyeron en 1980, un hospital ubicado en Machetá, Cundinamarca, al servicio de los campesinos de la comunidad. Aún recuerda, visiblemente afectado, al padre Juan de Dios del Castillo; “...hombre pulcro y de corazón puro, que lastimosamente ya murió, luchó por humanizar la medicina, predicando el buen trato a los pacientes, con la mentalidad de que la medicina está al servicio del Hombre y no al revés”, contaba tratando de ocultar su dolor. “Muchos campesinos se beneficiaron, les salía prácticamente gratis. Se hicieron varias brigadas de salud, dimos lo mejor de nosotros”. Esta ilusión duró hasta los noventa. Fecha en la que el padre Mahecha tuvo que retirarse del hospital. Ahora pasó a ser un ancianato, quedando en malas manos tras la muerte de sus demás compañeros.
Al preguntarle sobre la fortaleza de su convicción y sus esperanzas en la Vida frente a frustraciones como ésta me respondió:
-El corazón es insaciable, lo espiritual le da sentido a lo material. La actitud de Dios es como la de un buen padre, te enseña lo positivo y negativo del mundo, pero tú escoges.
-¿Qué me dice de los agnósticos?, le interrogué.
-Le diré que en algo deben creer; de eso estoy seguro, así no le llamen Dios. Hay muchas más razones por las cuales creer en ese “algo”.
Después de un corto silencio, anunció:
-Perdona hija, en unos minutos tendré que cerrar la capilla.
-Sí padre, no se preocupe, permítame agradecerle por compartir sus historias conmigo.
Eran casi las ocho y media de la noche, hora en la que, por costumbre, los habitantes de Suesca suelen acostarse a dormir, y hora también en la que debía reencontrarme con mis compañeros de viaje.
Había oscurecido totalmente, el panorama se veía diferente. Menos gente en las calles, la luz de los faroles alumbraba el parque central y los perros que había visto en la tarde ahora reposaban sobre la acera. Pocas veces he sentido tal sensación de tranquilidad, hacía frío, sí, pero el viento era especial, llegaba a mí como una carga de energía. El aire en Suesca sí entra libre hacia los pulmones.
Puedo decir que conocí Suesca, que me caminé sus rincones, que intercambie historias con sus habitantes y que regreso satisfecha porque así no haya sobrado tiempo para escalar, me llevo algo más valioso, haber desentrañado en algo las historias “simples” de seres que, como el padre Moisés Mahecha Guerrero, poco tienen de esto último.
Volveré sin duda alguna.

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario
servido por María Antonieta
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Y ¿quién nos dice qué no recordar? Esta es la pregunta que se nos plantea al observar con atención el documental “Colombia vive”, en el que, los que conocemos, así sea superficialmente, la historia del conflicto social y armado que azota nuestro país, notamos cierta falta de objetividad y una dudosa intencionalidad en sus omisiones. Paso así a analizar, capítulo por capítulo, lo que en mi opinión es destacable y reprobable de dicho documental, más que con el ánimo de criticar por criticar, con el ánimo de sembrar dudas y deseos, de ir más allá, que en temas tan espinosos como este, nunca están de más.
Por: María Antonieta Mora
La Euforia (1982-1984):
En este documental no se muestra sino de una forma muy superficial los orígenes de estos grupos insurgentes, y no se habla nada de las causas sociales y políticas de este origen. Tampoco se menciona muy profundamente los antecedentes de estos grupos, es decir, cómo se formaron, por qué se desarrollaron, la persecución política de que eran víctimas los campesino liberales, precursores de algunos de estos grupos motivada por dirigentes conservadores como Laureano Gómez, el abuelo de uno de los creadores de este documental, los violentos acontecimientos que forzaron a sectores de la población a tomar las armas y un sinfín de otras informaciones que nos pondrían en contexto.
Posteriormente el documental pasa a analizar el fenómeno del narcotráfico, narra sus orígenes muy someramente, enfocándose solamente en su desarrollo y sus consecuencias. Pienso que el comienzo del narcotráfico es crucial para entender la razón por la cual amplios sectores de la población recurren a esta actividad; este documental no toca exactamente este punto, nos cuenta muy bien la historia de los grandes capos, pero deja al margen la historia del pequeño campesino que no por ambición sino por necesidad ingresa en este mundo y que es el más afectado por medidas como las fumigaciones que únicamente son un paliativo, ingenuo según nos cuentan, para este problema.
El Terror (1985- 1989):
Al abordar el tema del exterminio de la UP, habría que investigar si fueron exclusivamente paramilitares los autores de su ejecución, cuáles fueron los motivos de ésta, quiénes eran los interesados en que se acabe este partido político; a título personal me pregunto el porqué de estas omisiones.
Con relación a la falta de garantías para la actividad periodística, en la década de los 80 solo se menciona la amenaza del narcotráfico, omitiendo la constante amenaza de sectores de ultra derecha, que presionaban a no publicar ciertas verdades que no necesariamente tenían relación con el narcotráfico. En este contexto es de destacar el fragmento de la excelente entrevista hecha a Antonio Caballero, hubiese sido bueno que profundizaran en sus palabras.
Pasando al plano cultural, es de destacar la muy completa narración de las consecuencias del narcotráfico, sicariato y sus demás fenómenos, pero no puedo menos que extrañar el hecho de que no abarca el tema de la responsabilidad estatal, al permitir y fomentar su desarrollo y expansión. Apareciendo también, como una consecuencia de esta, la entronización de este modo de vida en la cultura popular, doy como ejemplo “los corridos prohibidos”, desde la Cruz de Marihuana, hasta las canciones y las novelas que vemos actualmente.
De nuevo en el recurrente tema de los actores de la violencia, en mi opinión al abordar el problema del paramilitarismo lo hacen correctamente, mostrándonos los vínculos de estos con las fuerzas militares, pero caen en una grave omisión: la de no exponer el resto de los sectores sociales involucrados en su crecimiento, desarrollo y consolidación; con esto me refiero a las demostradas alianzas con sectores de la sociedad civil tanto nacional como internacional: terratenientes, transnacionales, medios de comunicación. Además al referirse a sus objetivos vemos solo una parte de su misión, por así decirlo, la contrainsurgente y protectora del narcotráfico, pero no nos muestra sus otras y no menos importantes metas; pongo estos dos ejemplos: el desplazamiento forzado para aumentar el tamaño de las propiedades de algunos hacendados legales y el de “limpiar” de opositores legítimos y no armados sus zonas para realizar una contrarreforma agraria en los terrenos más fértiles del país, como el valle del Sinú, entre otros.
La Lucha (1990-1994):
El documental se centra casi exclusivamente en problemas de orden público, desconociendo la vital importancia para la historia del país de medidas económicas, como las tomadas por el gobierno de Gaviria que, en contradicción con lo que se hablo en su momento, trajo enormes problemas para la industria no exportadora entre otras y, más importante aún, para la calidad de vida de nuestros compatriotas.
Volviendo al tema de orden público, pienso que quizás pudieron hablarnos un poco más acerca de la gran popularidad de Pablo Escobar, ¿qué clase de Estado permite que un narcotraficante desempeñe sus deberes, como proporcionar salud, educación y vivienda digna para sus habitantes, y de esta forma gane tanta simpatía?
La Confusión (1994-1998):
Quiero destacar la crítica que realiza este documental a la ingobernabilidad e inmoralidad del gobierno de Samper, mostrándonos los caóticos acontecimientos de esa época y revelándonos las graves consecuencias que tuvo sobre la ética y la moral pública, como dijo Álvaro Gómez, mártir de esta causa.
La Ilusión (1998- 2002):
Algunas preguntas que considero importantes pero que no se tuvieron en cuenta al mostrarnos en el documental fueron: ¿cuáles fueron las condiciones para la paz que exigía las FARC? ¿Cuáles fueron las propuestas dadas por el Gobierno? Esto nos serviría para ver la diferencia entre discurso y realidad en ambos bandos.
La Ansiedad (2002-2007):
Otro tema que me parece importante nombrar, y que creo insuficientemente tratado, es el “pequeñito” detalle acerca de la reelección; creo que a más de uno le quedo dando vueltas en la cabeza este punto. Según sé, la constitución del 91 prohibía la reelección, y para hacer esta posible se tuvo que modificar varios “articulitos”, olvidándose de modificar también los mecanismos de equilibrio entre los poderes. Esto no lo dice el documental, hoy lo tenemos fresco, pero… ¿qué pasará dentro de veinte años, cuando este tipo de documentales sean los materiales de consulta de nuestros hijos?
Pasando al punto de la política social, honestamente creo que en Colombia no se le ha dado suficiente atención a los desplazados en comparación con todos los beneficios que han recibido los responsables de las masacres y de su situación, gozando estos de salud, educación etcétera, mientras sus víctimas agonizan en los semáforos con escasas oportunidades fuera de la mendicidad; esto también me hubiese gustado ver en las “memorias de un país sin memoria”.
Es de destacar, para finalizar este capítulo, como muy positiva la crítica que se le hace a la falta de voluntad política de ambas partes para terminar por otros caminos el aberrante drama del secuestro, convirtiendo un problema humanitario en un indignante pulso de poder, en el que se juega con las vidas y la libertad de personas inocentes como con piezas de un macabro ajedrez político.
La Alegría:
Pues aquí precisamente, al final del documental, quiero decir que Colombia tiene muchas cosas buenas que destacar, personas indudablemente valiosas, creativas, amables, inteligentes, capaces y sin miedo a descubrir las maravillosas cosas que nos presenta la vida. Pero ¿qué sacamos con tener todas esas virtudes, qué logramos al estar en un país lleno de “alegría” y de bellos paisajes si no recordamos todo lo que no tememos que repetir? ¿Cuál es el propósito de mostrar todo esto en el cierre del documental? ¿No tiene esto un cierto parecido con la sección de farándula al cierre de los noticieros? El de hacernos olvidar una realidad dolorosa e inconveniente, como decía Jaime Garzón con algo de humor negro: “después de quince minutos de deportes y media hora de reinas, se nos olvidan los cinco minutos en los que nos mostraron las doscientas masacres del día”. En mi opinión hubiese sido preferible cerrar el documental con el discurso de Gabriel García Márquez al aceptar el Premio Nobel, que, fuera de ser poético y esperanzado, está muy asentado en una realidad en la que aún estamos inmersos.
Bueno, ya para finalizar este análisis de “viejita cascarrabias”, quisiera plantear la siguiente reflexión: a mi modo de ver la memoria colectiva y la historia de un pueblo no se debe construir a través de espectaculares compendios de hechos descontextualizados creados por grandes medios de comunicación, sino que debe ser elaborada y mantenida por el diario recuerdo y el cotidiano análisis de los hechos que en el futuro formarán parte de la historia, para que así nadie nos tenga que decir qué recordar.
servido por María Antonieta
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