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Categoría: opinión

14 Agosto 2009

La tristeza de los chontaduros

Por: María Antonieta Mora

A pesar de que no es nada nuevo y que a algunos puede no sorprenderle o simplemente ignorar la situación; yo continuo doliéndome e indignándome con los atropellos que uno tiene que presenciar en este país, desafortunadamente cada vez más seguido. Y digo tiene porque cuando vas caminando en la calle y te atropella un montón de gente, varios gritos de protesta llegan a tus oídos, te preguntas qué ocurre y necesariamente haces esa pausa, y te conviertes en un testigo más del abuso de los poderosos.

Lo positivo del asunto es que cada vez son menos los que se quedan callados y cada vez somos más los que no podemos ni debemos guardar silencio con este tipo de cosas. Es incomprensible que las cifras de desempleo y de subempleo crezcan de una manera tan descontrolada siendo conscientes de todo el potencial que tenemos en Colombia, si no se hiciera mal uso de nuestros recursos todos tendrían un trabajo y absolutamente nadie moriría por desnutrición diariamente. Pero claro, esto último es considerado una utopía. Lo que les contaré a continuación tiene que ver con todo esto, junto y de la mano con las escasas oportunidades que los plutócratas nos han dejado.

Un grupo de personas estaba reunida en una esquina de la séptima con avenida diecinueve, mientras caminaba por esa calle, me estrellé con el acontecimiento. Como no hay trabajo, la gente se ve en la obligación de rebuscársela por su cuenta, instalando negocios en sitios públicos como las aceras y algunos parques de la ciudad. Fue así cuando me encontré en uno de esos negocios improvisados. Eran tres vendedores: un hombre mediano de color, una señora de edad avanzada y un señor de pelo blanco. Se encontraba la policía haciendo un desalojo de la vía pública y para colmo también decomisando los únicos objetos de trabajo de estos humildes ciudadanos. Lo hacían de una forma grosera y amenazante, sin importar siquiera las razones que presentaban los demás testigos que se fueron uniendo a la protesta contra el atropello. Triste y enfurecido estaba el propietario de esa pequeña venta de chontaduros, y como no, si al gobierno le importa más la estética de las calles que la supervivencia de sus mas desprotegidos habitantes. Finalmente partió el carro de la policía, con un funcionario de la alcaldía, por cierto, haciendo malas señas a los que quedamos, mientras algunas personas los "despedían" a voces de asesinos y violadores, tal vez haciendo referencia a los recientes vejamenes contra las niñas desplazadas del Parque Tercer Milenio.

A lo que quiero ir con esto, aparte de intentar mostrar una realidad que muchos, aunque no lo crean, desconocen, es resaltar la falta de opciones que de una u otra forma obligan a personas honradas como las víctimas de ayer, a robar y hasta asesinar por comida, por querer sobrevivir e intentar algo mejor para sus vidas y las de su familia. ¡Pero esto no les es permitido! ¡No dejan trabajar y se quejan de inseguridad! ¿Qué democracia es esta? ¿Qué seguridad es esta? Qué protección y que futuro nos espera con estos "padres protectores" que se la pasan diciendo "hijitos, les prometo una Colombia libre de terroristas, les prometo que yo los defenderé, por los siglos de los siglos..." Me pregunto, ¿tenemos que estar agradecidos?

Es triste que para adquirir algo de respeto o para ser escuchado se tenga que manchar las manos de sangre, es peor aún que los que se arman, masacran gente y violan los derechos de todas las formas posibles sean después premiados o con recompensas o toda clase de subsidios para que mas adelante sigan en las misas pero con corbatas, sentaditos calentando una silla y desde ahí trabajando y trabajando para lograr una "política de seguridad democrática".

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1 Mayo 2009

¿Quién nos dice qué recordar?

Y ¿quién  nos dice qué no recordar? Esta es la pregunta que se nos plantea al observar con atención el documental “Colombia vive”, en el que, los que conocemos, así sea superficialmente, la historia del conflicto social y armado  que azota nuestro país, notamos cierta falta de objetividad y una dudosa intencionalidad en sus omisiones. Paso así a analizar, capítulo por capítulo, lo que  en mi opinión es destacable y reprobable de dicho documental, más que con el ánimo de criticar por criticar, con el ánimo de sembrar dudas y deseos, de ir más allá, que en temas tan espinosos como este, nunca están de más.

Por: María Antonieta Mora

 

 La Euforia (1982-1984):

 En este documental no se muestra sino de una forma muy superficial los orígenes de estos grupos insurgentes, y no  se habla nada de las causas sociales y políticas de este origen. Tampoco se menciona muy profundamente los antecedentes de estos grupos, es decir, cómo se formaron, por qué se desarrollaron, la persecución política de que eran víctimas los campesino liberales, precursores de algunos de estos grupos motivada por dirigentes conservadores como Laureano Gómez, el abuelo de uno de los creadores de este documental, los violentos acontecimientos que forzaron a sectores de la población a tomar las armas y un sinfín de otras informaciones que nos pondrían en contexto.

 Posteriormente el documental pasa a analizar el fenómeno del narcotráfico, narra sus orígenes muy someramente, enfocándose solamente en su desarrollo y sus consecuencias. Pienso que el comienzo del narcotráfico es crucial para entender la razón por la cual amplios sectores de la población recurren a esta actividad; este documental no toca exactamente este punto, nos cuenta muy bien la historia de los grandes capos, pero deja al margen la historia del pequeño campesino que no por ambición sino por necesidad ingresa en este mundo y que es el más afectado por medidas como las fumigaciones que únicamente son un paliativo, ingenuo según nos cuentan, para este problema. 

El Terror (1985- 1989):

Al abordar el tema del exterminio de la UP, habría que investigar si fueron exclusivamente paramilitares los autores de su ejecución, cuáles fueron los motivos de ésta, quiénes eran los interesados en que se acabe este partido político; a título personal me pregunto el porqué de estas omisiones.

 Con relación a la falta de garantías para la actividad periodística, en la década de los 80 solo se menciona la amenaza del narcotráfico, omitiendo la constante amenaza de sectores de ultra derecha, que presionaban a no publicar ciertas verdades que no necesariamente tenían relación con el narcotráfico. En este contexto es de destacar el fragmento de la excelente entrevista hecha a Antonio Caballero, hubiese sido bueno que profundizaran en sus palabras.

 Pasando al plano cultural, es de destacar la muy completa narración de las consecuencias del narcotráfico, sicariato y sus demás fenómenos, pero no puedo menos que extrañar el hecho de que no abarca el tema de la responsabilidad estatal, al permitir y fomentar su desarrollo y expansión. Apareciendo también, como una consecuencia de esta, la entronización de este modo de vida en la cultura popular, doy como ejemplo “los corridos prohibidos”,  desde la Cruz de Marihuana, hasta las canciones y las novelas que vemos actualmente.

 De nuevo en el recurrente tema de los actores de la violencia, en mi opinión al abordar el problema del paramilitarismo lo hacen correctamente, mostrándonos los vínculos de estos con las fuerzas militares, pero caen en una grave omisión: la de no exponer el resto de los sectores sociales involucrados en su crecimiento, desarrollo y consolidación; con esto me refiero a las demostradas alianzas con sectores de la sociedad civil tanto nacional como internacional: terratenientes, transnacionales, medios de comunicación. Además al referirse a sus objetivos vemos solo una parte de su misión, por así decirlo, la contrainsurgente y protectora del narcotráfico, pero no nos muestra sus otras  y no menos importantes metas; pongo estos dos ejemplos: el desplazamiento forzado para aumentar el tamaño de las propiedades de algunos hacendados legales y el de “limpiar” de opositores legítimos y no armados sus zonas para realizar una contrarreforma agraria en los terrenos más fértiles del país, como el valle del Sinú, entre otros.

 La Lucha (1990-1994):

 El documental  se centra casi exclusivamente en problemas de orden público, desconociendo la vital importancia para la historia del país de medidas económicas, como las tomadas por el gobierno de Gaviria que, en contradicción con lo que se hablo en su momento, trajo enormes problemas para la industria no exportadora entre otras y, más importante aún, para la calidad de vida de nuestros compatriotas.

 Volviendo al tema de orden público, pienso que quizás pudieron hablarnos un poco más acerca de la gran popularidad de Pablo Escobar, ¿qué clase de Estado permite que un narcotraficante desempeñe sus deberes, como proporcionar salud, educación y vivienda digna para sus habitantes,  y de esta forma gane tanta simpatía?

 La Confusión (1994-1998):

 Quiero destacar la crítica que realiza este documental a la ingobernabilidad e inmoralidad del gobierno de Samper, mostrándonos los caóticos acontecimientos de esa época y revelándonos las graves consecuencias que tuvo sobre la ética y la moral pública, como dijo Álvaro Gómez, mártir de esta causa.   

 La Ilusión (1998- 2002):

 Algunas preguntas que considero importantes pero que  no se tuvieron en cuenta al mostrarnos en el documental fueron: ¿cuáles fueron las condiciones para la paz que exigía las FARC? ¿Cuáles fueron las propuestas dadas por el Gobierno? Esto nos serviría para ver la diferencia entre discurso y realidad en ambos bandos.

 La Ansiedad (2002-2007):  

Otro tema que me parece importante nombrar, y que creo insuficientemente tratado, es el “pequeñito” detalle acerca de la reelección; creo que a más de uno le quedo dando vueltas en la cabeza este punto. Según sé, la constitución del 91 prohibía la reelección, y para hacer esta posible se tuvo que modificar varios “articulitos”, olvidándose de modificar también los mecanismos de equilibrio entre los poderes. Esto no lo dice el documental, hoy lo tenemos fresco, pero… ¿qué pasará dentro de veinte años, cuando este tipo de documentales sean los materiales de consulta de nuestros hijos?

 Pasando al punto de la política social, honestamente creo que en Colombia no se le ha dado suficiente atención a los desplazados en comparación con todos los beneficios que han recibido los responsables de las masacres y de su situación, gozando estos de salud, educación etcétera, mientras sus víctimas agonizan en los semáforos con escasas oportunidades fuera de la mendicidad; esto también me hubiese gustado ver  en las “memorias de un país sin memoria”.

 Es de destacar, para finalizar este capítulo, como muy positiva la crítica que se le hace a la falta de voluntad política de ambas partes para terminar por otros caminos el aberrante drama del secuestro, convirtiendo un problema humanitario en un indignante pulso de poder, en el que se juega con las vidas y la libertad de personas inocentes como con piezas de un macabro ajedrez político.

La Alegría:

 Pues aquí precisamente, al final del documental, quiero decir que Colombia tiene muchas cosas buenas que destacar, personas indudablemente valiosas, creativas, amables, inteligentes, capaces y sin miedo a descubrir las maravillosas cosas que nos presenta la vida. Pero ¿qué sacamos con tener todas esas virtudes, qué logramos al estar en un país  lleno de “alegría” y de bellos paisajes si no recordamos todo lo que no tememos que repetir? ¿Cuál es el propósito de mostrar todo esto en el cierre del documental? ¿No tiene esto un cierto parecido con la sección de farándula al cierre de los noticieros? El de hacernos olvidar una realidad dolorosa e inconveniente, como decía Jaime Garzón con algo de humor negro: “después de quince minutos de deportes y media hora de reinas, se nos olvidan los cinco minutos en los que nos mostraron las doscientas masacres del día”. En mi opinión hubiese sido preferible cerrar el documental con el discurso de Gabriel García Márquez al aceptar el Premio Nobel, que, fuera de ser poético y esperanzado, está muy asentado en una realidad en la que aún estamos inmersos.

 Bueno, ya para finalizar este análisis de “viejita cascarrabias”, quisiera plantear la siguiente reflexión: a mi modo de ver la memoria colectiva y la historia de un pueblo no se debe construir a través de espectaculares compendios de hechos descontextualizados creados por grandes medios de comunicación, sino que debe ser elaborada y mantenida por el diario recuerdo y el cotidiano análisis de los hechos que en el futuro formarán parte de la historia, para que así nadie nos tenga que decir qué recordar.

 

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Soy María Antonieta Mora Bravo, estudiante de segundo semestre de Comunicación Social y Periodismo. Siendo conscientes de los acontecimientos que ocurren día tras día y que nos afecta a todos directa o indirectamente somos capaces de transformarlos; la ignorancia es el peor estado en el que puede permanecer el hombre, y por ello quiero en este lugar intentar crear conciencia para así aportar en el conocimiento de múltiples realidades, que a menudo son ignoradas, con la mayor objetividad y criterio que me es posible. Los invito a visitar el blog de " La Lupa: opinión al detalle. Nuevo proyecto que inicia como un semanario comprometido con el periodismo independiente, que necesita la sociedad. Aquí encontrará artículos de todo tipo de ideologías y tendencias, sin ningún tipo de influencia que se le transmita." http://lalupaopinion.blogspot.com/

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